Nuestros pastores
Nuestros pastores principales son Dereck Whittembury y Ruth Martens, quienes fundaron la iglesia Jesús Rey y Señor en el 2008, por el llamado de Dios.
Hace más de una década, el pastor se desempeñaba como director de la academia Alianza Lima, ubicada en el distrinto de Ventanilla, específicamente en el Colegio Liceo Naval. En 2007, en respuesta al llamado de Dios, viajó a Estados Unidos junto a su esposa, pero regresaron rápidamente a Lima en 2008, retomando la dirección de la academia de fútbol.
Un día, mientras el pastor conducía por la avenida Faucett en dirección a Ventanilla, sintió la voz de Dios en su corazón instándolo a compartir el evangelio con los adolescentes que entrenaba, quienes tenían entre 14 y 16 años. Él aceptó ese llamado divino y, después de la práctica, invitó a los jóvenes a quedarse para escuchar la Palabra de Dios. En esa reunión, varios tomaron la decisión de seguir a Cristo. El interés creció reunión tras reunión.
Inicialmente bajo la sombra de un árbol cerca del campo de fútbol, el pastor observó decisiones genuinas y pasaron de sentarse en las piedras y balones alrededor del árbol a reunirse en casa de uno de los chicos que entrenaba de la categoría 90-91.
Luego, debido al crecimiento, fueron acogidos por otros hogares, donde Dios obró poderosamente en los corazones de los hermanos. Durante varios años, en los días sábados realizaban reuniones mixtas (jóvenes y algunos adultos), así como tiempos de oración entre semana.
Guiar y enseñar a jóvenes con diversas ideas, culturas y realidades no fue tarea fácil para el pastor Dereck, pero su esposa brindó un apoyo constante y esencial para llevar a cabo esta labor, ya que cada vez demandaba más tiempo y sus hijos eran aún pequeños. Sin embargo, la gracia de Dios los sostuvo para seguir cumpliendo con la obra encomendada.
A lo largo de este camino, pasaron por varios locales y casas de hermanos, hasta que finalmente se estableció la iglesia en el segundo sector izquierdo de la Ciudad del Deporte, en un lugar que nadie quería alquilar durante años (entre los colegios Newton y Champagnat). Dios mostró que este sería su lugar, y con la colaboración de muchos hermanos, convirtieron un espacio inhóspito en un lugar donde la luz de Dios brillaría intensamente.